ISAÍAS, CAPÍTULO CINCUENTA Y CUATRO

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Texto bíblico tomado de la Santa Biblia, Nueva Versión Internacional. ©1999 por la Sociedad Bíblica Internacional
Traducido por Carmen Alvarez

Dios obra de manera especial con las personas que tienen un destino especial. Su hora está en las manos de Dios. Entre más alto sea el llamado en el Reino, más severos son los tratos Divinos.


Contenido

La estéril—versículo 1
Promesas extraordinarias—versículos 2,3
Siendo obedientes a Cristo—versículos 4,5
Afligidos en espíritu—versículo 6
Reconciliación a Dios—versículos 7,8
Una promesa fiel—versículo 9
El Comienzo y el Final—versículo 10
La nueva Jerusalén—versículos 11,12
Paz para los hijos—versículo 13
Justicia—versículo 14
Dios está de nuestra parte—versículo 15
¿Quién ha creado al destructor?—versículo 16
El Señor justifica a Sus siervos—versículo 17


ISAÍAS, CAPÍTULO CINCUENTA Y CUATRO

La estéril

Tú, mujer estéril que nunca has dado a luz, ¡grita de alegría! Tú, que nunca tuviste dolores de parto, ¡prorrumpe en canciones y grita con júbilo! Porque más hijos que la casada tendrá la desamparadadice el SEÑOR. (Isaías 54:1 NVI)

Aquellos que han sido llamados por el Señor, y que luego han tenido que esperar durante años para que Dios verifique su llamado, saben lo que significa prorrumpir en canciones y gritar con júbilo sólo porque tienen fe. Y lo hacen solamente porque tienen fé y porque el Señor dice que lo hagan ya que ellos no sienten el mas mínimo deseo de regocijarse. Ellos efectúan un acto de majestuosidad cuando obedecen bajo estas circunstancias.

Existen miles de personas a quienes el Señor ha elegido para recibir salvación y que inmediatamente encuentran un gozoso ministerio en el viñedo del Señor.

Pero de vez en cuando llega alguien que va a ser usado por el Señor de una manera especial. Mientras que los demás experimentan los problemas ordinarios que comparten todos los siervos del Señor, estas personas escogidas deben esperar años antes de que haya evidencia de que Dios realmente les ha hablado.

Podemos pensar en Abraham y Sarah. Su hora estaba en las manos de Dios de manera inusual ¿no lo crees? ¿Crees que ellos podían haber cantado de júbilo antes de que Sarah supiera que iba a tener un bebé?

Y luego tenemos a José. Tuvieron que pasar alrededor de dos décadas para que sus sueños se volvieran realidad. Me pregunto qué pensó José de sus sueños de niño ¡para cuando tenía veintinueve años!

Un detalle sobre José: Pasó tiempo en la cárcel, pero no dejó que su mente y su corazón fueran aprisionados. En el instante mismo en que le llegó su hora, él entró directamente a gobernar Egipto sin dudarlo siquiera por un momento.

Nosotros nunca debemos sentir lástima por nosotros mismos, ni debemos tener la actitud de un prisionero. En cuanto nos llegue nuestra hora gobernaremos a las naciones con el Señor Jesucristo.

¿Alguna vez has pensado en Elcaná? Él tenía dos esposas, Penina y Ana. Penina tuvo hijos y sin duda era una Israelita fiel. Pero ella era mala con Ana, la otra esposa. A veces podemos observar esta maldad entre el pueblo de Dios cuando no comprenden lo que Dios está haciendo con alguien. Cuando Dios tiene a una persona en la esterilidad, en una experiencia mayor de salvación, la gente quizá sea muy mala con ella.

Penina hizo sufrir a Ana. Pero luego a Ana le nació Samuel.

Ana dedicó al Señor a su hijo Samuel. Así que después de que Samuel fue destetado, Ana lo dejó en la casa del Señor en Siló. Ella veía a su hijo una vez al año, cuando la familia subía para ofrecer el sacrificio anual. Cada año Ana traía consigo una pequeña túnica.

Imagínate a Ana sentada durante todo el año haciendo la túnica mientras pensaba en su pequeño hijo.

Sin embargo, la pena de Ana no duró mucho. Ella pronto tuvo cinco hijos más. Nosotros no conocemos los nombres de los hijos de Penina, ni los de los tres hermanos y dos hermanas de Samuel. Pero a Samuel lo conocemos. Él nació de la esterilidad y de un corazón roto. Él fue el profeta de Israel.

Como Ana declaró:

Los que antes tenían comida de sobra se venden por un pedazo de pan; los que antes sufrían hambre ahora viven saciados. La estéril ha dado a luz siete veces, pero la que tenía muchos hijos languidece. (1 Samuel 2:5 NVI)

Elisabet era estéril, pero de ella nació el heraldo del Cordero de Dios. Heredamos las promesas cuando tenemos fe y paciencia.

Moisés cuidó las ovejas de su suegro durante cuarenta años antes de que Dios le hablara.

El Apóstol Pablo sufrió el aguijón del Espíritu Santo antes de que Cristo se manifestara a él. Luego Pablo fue a Arabia en lugar de conferir con los demás Apóstoles. Pablo necesitó de un tiempo a solas con el Señor.

Puede ser que alguien sea criado en un hogar Cristiano, que vaya a un Instituto Bíblico o seminario y que luego entre al ministerio. Pero generalmente este no es el caso. Más bien, la persona pasa por circunstancias inusuales mientras que Dios la prepara para trabajar en aquello para lo cual fue llamada.

Dios le dice a estas personas que se regocijen. Aunque aparente ser que sus vidas no han sido tan fructíferas como ellas desearían, si ha sido Dios el que ha ocasionado la esterilidad, entonces cuando llegue el momento adecuado, el fruto llegará a ser mayor que en las ocasiones en que no hubo ninguna demora en recibir la esperada recompensa por actuar con diligencia; en que no hubo ningún aplazamiento del cumplimiento del llamado, de la visión, de la esperanza ferviente.

Si Dios nos ha hablado, el ensanchamiento prometido llegará a su debido tiempo. A veces el cumplimento llega después de que el siervo fiel se ha ido a estar con el Señor. Esto no importa. El individuo verá la bendición desde su punto de ventaja en el mundo espiritual, y luego recibirá la herencia en el Día de la Resurrección.

Entre más años vivo más me convenzo de la realidad del mundo espiritual y de las personas que lo habitan. Cando fallezcamos y nuestros ojos se abran yo creo que nos sorprenderemos de lo delgada que es la línea que divide el mundo físico del mundo espiritual y de la intervención continua de aquellos del mundo espiritual a quienes se les permite ejercer actividad sobre la tierra.

Así que no importa cuando cumpla Dios Su Palabra que nos ha dado. La época no tiene nada que ver; tampoco el lugar. Lo que importa es la sustancia de la promesa. Y en esto puedes estar seguro con respecto al Señor—¡Él siempre cumple Su Palabra!

Promesas extraordinarias

Ensancha el espacio de tu carpa, y despliega las cortinas de tu morada. ¡No te limites! Alarga tus cuerdas y refuerza tus estacas. Porque a derecha y a izquierda te extenderás; tu descendencia desalojará naciones, y poblará ciudades desoladas. (Isaías 54:2,3 NVI)

Dios le ha dicho a Sus elegidos. “Prepárense para una enorme herencia”.

Después de esperar años en el Señor con una mínima evidencia de lo que Él nos ha prometido, tenemos que tener cuidado de no perder nuestra fe, nuestra esperanza, nuestro gozo. Me pregunto a cuantos jóvenes Cristianos se les han profetizado maravillas, o a cuantos les ha hablado el Señor cuando están callados en oración o por medio de algún Mensaje de las Escrituras.

Pero luego nada inusual sucede. Quizá se casen, tengan hijos, trabajen en algún lado. Y pasan los años. “Supongo que nada va a suceder después de todo. Estaba seguro en ese momento de que había sido el Señor, pero ahora supongo que no.”

Nosotros nunca, nunca, nunca debemos tomar esa actitud. Debemos orar diariamente como si fuéramos el mejor apóstol de toda la tierra, y luego no perturbarnos cuando nada inusual suceda.

Yo creo que el problema está en que cuando las personas no están siendo utilizadas por el Señor, ellas dejan de orar y de leer la Palabra. No se mantienen emocionadas por la visión. Comienzan a enredarse con las cosas del mundo, aceptando la idea de que nada grandioso podía ocurrir en sus vidas.

Se olvidan de cómo el Señor obra con gente estéril.

Recuerdo que cuando estaba en el Instituto Bíblico me encontré con la promesa de que si creíamos en Jesús, haríamos mejores obras que Él. Revisé cuidadosamente el texto Griego. Sí, la traducción quiere decir mejores obras.

En ese momento decidí creerle a Dios las mejores obras. Ya estoy viejo y no las he visto. Pero sé que algún día las veré, ya sea en este mundo o en el venidero. Yo haré mejores obras que las que hizo el Señor Jesús hace dos mil años.

Dios me ha dado algunas promesas. Yo sé que se cumplirán a la perfección. ¿Cuándo? No podría decir. ¡Pero se cumplirán!

Ensancha el espacio de tu carpa, y despliega las cortinas de tu morada. ¡No te limites! Alarga tus cuerdas y refuerza tus estacas. Porque a derecha y a izquierda te extenderás; tu descendencia desalojará naciones, y poblará ciudades desoladas. (Isaías 54:2,3 NVI)

¡Piénsalo! “Tu descendencia desalojará naciones, y poblará ciudades desoladas”.

Esto es similar a la promesa hecha a Abraham cuando él y Sarah aún no tenían hijos.

Abraham era un hombre de fe, y lo que Dios le dijo todavía se está cumpliendo; ya que todos los que le pertenecen a Cristo son parte de la descendencia de Abraham.

No debemos adoptar una actitud de derrota. Más bien en nuestro corazón debemos ensanchar el espacio de nuestra carpa. Siempre debemos estar preparándonos para recibir un avivamiento sin precedente, para recibir fruto increíble.

“¡Pero he esperado tanto tiempo y nada ha sucedido!” Sí, lo sé. Pero no has esperado lo suficiente. ¿Sigues orando, esperando, confiando? De ser así, no te rindas. Mantente fiel a Dios. ¡Tu día llegará!

No permitas que el tiempo y el espacio te limiten. Levanta la mano y aférrate a las cosas celestiales. Proyecta tus pensamientos al futuro y contempla el nuevo mundo de justicia que está en el horizonte. Luego regresa a la oración y al estudio de la Biblia y sigue mostrándole a Dios tu actitud de fe y esperanza. ¡No serás decepcionado!

Siendo obedientes a Cristo

No temas, porque no serás avergonzada. No te turbes, porque no serás humillada. Olvidarás la vergüenza de tu juventud, y no recordarás más el oprobio de tu viudez. Porque el que te hizo es tu esposo; su nombre es el SEÑOR Todopoderoso. Tu Redentor es el Santo de Israel; ¡Dios de toda la tierra es su nombre! (Isaías 54:4,5 NVI)

Los versículos anteriores me recuerdan a este otro:

¡Escuchen la palabra del SEÑOR, ustedes que tiemblan ante su palabra!: “Así dicen sus hermanos que los odian y los excluyen por causa de mi nombre: ‘¡Que el SEÑOR sea glorificado, para que veamos la alegría de ustedes!’ Pero ellos serán los avergonzados.” (Isaías 66:5 NVI)

Cuando decidamos dejar de construir nuestro propio imperio religioso y comencemos a confiar en la Palabra del Señor donde dice que Él construirá Su propio Reino, es probable que nos volvamos el centro de difamaciones y críticas. Este es uno de los sufrimientos de Cristo, ¿no es así?

Conforme pasa el tiempo y nosotros seguimos viviendo para el Señor, adorándolo de todo corazón, parece como si no estuviéramos logrando gran cosa. ¡Pero lo cierto es que sí! Estamos siendo obedientes a Cristo en lugar de caminar a la luz de nuestro propio fuego.

Cuando somos apartados para el Señor nos podemos sentir como una “viuda”, por así decirlo. Pero lo cierto es que nuestro Creador es nuestro Esposo. Nuestro gozo y nuestra canción deben estar dirigidos a Él. Evidentemente el mundo religioso ni siquiera nos toma en cuenta; pero la mirada de Dios está sobre nosotros. La promesa de Dios es que Él no permitirá que seamos decepcionados.

Cuando el Señor habla sobre los que pertenecen a la sinagoga de Satanás pero que dice que son Judíos, Él se está refiriendo a los Cristianos que están entretenidos con esfuerzos religiosos. Estos Cristianos están listos para difamar a cualquiera que esté pacientemente esperando en el Señor. Esta es la razón por la que pertenecen a la sinagoga de Satanás, del Acusador. Ellos están por adorar a Dios a los pies de aquellos que han estado silenciosamente sirviendo a Dios todo el tiempo.

El Dios de toda la tierra está con nosotros, así que no debemos poner demasiada atención a quienes desean menospreciarnos. Después de todo, ¡despreciaron al Hijo mismo de Dios! Así que ¿qué podemos esperar nosotros? La gente mundana odia al Señor; y nos odiarán a nosotros si Él nos ha llamado a no pertenecer a este mundo.

Afligidos en espíritu

El SEÑOR te llamará como a esposa abandonada; como a mujer angustiada de espíritu, como a esposa que se casó joven tan sólo para ser rechazadadice tu Dios. (Isaias 54: 6 NVI)

Me pregunto cuántos de nosotros fuimos llamados por el Señor cuando éramos jóvenes. Comenzamos con muchas ideas de las grandiosas hazañas que íbamos a hacer para el Señor.

Pero luego sentimos como si Él nos hubiera abandonado. Las cosas dejan de funcionar como imaginamos que funcionarían.

¿Dónde está el Señor? ¿Por qué estamos angustiados en espíritu? ¿Acaso hemos hecho algo mal? Por lo que escribió Jeremías puedo ver que él tenía muchas de estas preguntas. Sin embargo, la promesa dada a Jeremías cuando aun era un niño fue que él destruiría y construiría naciones.

¡Pero mira a lo que llegó!

¡Maldito el día que nací! ¡Maldito el día en que mi madre me dio a luz! ¡Maldito el hombre que alegró a mi padre cuando le dijo: “¡Te ha nacido un hijo varón!”! (Jeremías 20:14,15 NVI)

Y observa a Job también.

Que perezca el día en que fui concebido y la noche en que se anunció: “¡Ha nacido un niño!” (Job 3:3 NVI)

Sí llegan momentos como los anteriores para el creyente que ha decidido seguir avanzando hasta conocer al Señor.

Reconciliación a Dios

Te abandoné por un instante, pero con profunda compasión volveré a unirme contigo. Por un momento, en un arrebato de enojo, escondí mi rostro de ti; pero con amor eterno te tendré compasióndice el SEÑOR, tu Redentor. (Isaías 54:7,8 NVI)

Antes de que cualquiera de nosotros pueda avanzar más allá de la experiencia de Pentecostés hacia la plenitud de Dios, debemos llegar a la hora del juicio. Cuando recibimos a Cristo somos legalmente reconciliados a Dios. Dios nos considera justos porque lo hemos obedecido poniendo nuestra fe en la expiación de la sangre hecha en la cruz del Calvario.

Quizá todavía amemos el mundo, estemos llenos de lujurias y pasiones de nuestra carne y alma, y quizá todavía estemos guiados por nuestra voluntad propia y ambición personal. Pero Dios nos pasa por alto a nosotros y a nuestra familia en la hora del juicio porque Él ve la sangre de Su Hijo.

Hasta este punto hemos sido reconciliados a Dios en un sentido legal.

¿A qué compararemos la reconciliación legal? Quizá podamos pensar en alguien que se está enlistando en la Fuerza Naval de los Estados Unidos. Una vez que este hombre firma los papeles necesarios y hace los juramentos requeridos, entonces es legalmente un soldado de la Fuerza Naval. Y sin embargo realmente no es un soldado de la Fuerza Naval porque no ha recibo entrenamiento. No ha pasado ni por el entrenamiento básico ni por el avanzado. Ha sido aceptado en la Fuerza Naval y es legalmente un soldado naval. Pero hay mucho más para ser un soldado naval que sólo enlistarse.

Hay mucho más para ser reconciliado a Dios que simplemente ser “aceptado por el Amado”.

Si realmente hemos recibido al Señor, si oramos y leemos nuestra Biblia a diario y si nos involucramos en la asamblea local de Cristianos fervientes, el Espíritu Santo comenzará a tratar con nosotros según al llamado que tenga nuestra vida. Logramos reconciliarnos con Dios en forma real, no sólo en forma legal, conforme obtenemos la victoria sobre cada reto que tenemos frente a nosotros. Un joven se convierte en soldado naval después de que ha pasado exitosamente por el entrenamiento básico y el avanzado.

Sólo podemos avanzar hasta cierto punto en el Señor y luego nos llegará un periodo de aridez; un periodo en el que observamos la “ira” de Dios, por así decirlo; un periodo de corrección y de pruebas. Es un desierto por el que tenemos que atravesar antes de entrar a la tierra prometida.

Te abandoné por un instante, pero con profunda compasión volveré a unirme contigo. Por un momento, en un arrebato de enojo, escondí mi rostro de ti; pero con amor eterno te tendré compasióndice el Señor, tu Redentor. (Isaías 54:7,8 NVI)

Sientes como que has sido abandonado. Tienes que aferrarte, recordando que el Señor Quien te ocasionó tanto regocijo en épocas pasadas no ha cambiado. Él está atacando al enemigo en tu personalidad. Cuando Dios esté satisfecho con esta fase de tu experiencia Él regresará. ¡Él siempre regresa!

Existen cosas en tu personalidad que no han sido reconciliadas a Dios; con las que Él está enojado. Si obedeces al Espíritu Santo, el Espíritu te mostrará qué hacer con cada uno de estos enemigos, ya sea que tengan que ver con el amor al mundo y la confianza en el mundo, o con las lujurias que moran en tu naturaleza pecaminosa, o con tu orgullo y ambición personal.

Este tiempo de reconciliación a Dios se ve representado en el Día de la Expiación que conmemoran los Judíos, el cual sigue a la celebración de Pentecostés.

Es casi como cuando Jacob luchó con un ángel; como la prueba de Abraham de sacrificar a Isaac; como José en la prisión. Es una época de aridez.

Yo he estado ahí, y quizá tenga que regresar a ese lugar. Quién sabe. Así que puedo decirte por experiencia que éste no es un periodo gozoso en tu vida Cristiana. Pero cuando salgas de las llamas, así como sucedió con los tres jóvenes Hebreos, conocerás a Dios por ti mismo. Él ya no será simplemente la casa de Dios, sino que será el Dios de la casa de Dios.

Job dijo: “De oídas había oído hablar de ti, pero ahora te veo con mis propios ojos.” Es algo así por el estilo.

Tu periodo de prueba no es una tumba, sino un túnel. Hay luz al final del túnel. No te sorprendas de la tremenda prueba por la que vas a pasar. Este fuego es parte de la experiencia de la salvación.

Nosotros los Cristianos de hoy en día somos demasiado “light”. ¿Entiendes a lo que me refiero con eso? Simplemente no estamos suficientemente adentrados en Dios. No me estoy refiriendo a conocimientos. Me estoy refiriendo a la profundidad de nuestro espíritu en Dios.

La Biblia dice que los santos juzgarán al mundo, y así lo harán. La Biblia dice que juzgaremos a los ángeles, y así lo haremos.

Piensa en los Cristianos que conoces. ¿Cuántos de ellos crees que estén calificados para juzgar a los señores rebeldes de los cielos? ¿Ves a lo que me refiero?

Así que, ¿cómo podemos aumentar de peso espiritual? Sólo conforme sufrimos en el Señor. Sólo conforme pacientemente soportamos día con día nuestra cruz de negación a nosotros mismos.

Una promesa fiel

Para mí es como en los días de Noé, cuando juré que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra. Así he jurado no enojarme más contigo, ni volver a reprenderte. (Isaías 54:9 NVI)

El Señor Jesús nos dijo que Él reprende y disciplina a todos los que Él ama. Él dijo, “Sé fervoroso y arrepiéntete”.

Conforme el Espíritu Santo nos muestre el pecado que hay en nuestras vidas debemos arrepentirnos de ese pecado. No importa cuánto tiempo tome, nosotros debemos seguir haciendo los cambios necesarios en nuestra personalidad. Si no respondemos al Espíritu Santo, nuestra resurrección de entre los muertos será un acontecimiento penoso.

Pero si estamos dispuestos y somos obedientes, el día llegará en el que Dios nos restaurará y nos hará fuertes, firmes y estables. Habremos recibido doble castigo por nuestros pecados. Nuestra lucha habrá concluido. Una corona de vida habrá sido preparada para nosotros, y nos será entregada cuando el Señor se manifieste.

Además, Dios ha jurado que una vez que la época de prueba haya concluido, Él no volverá a enojarse con nosotros ni volverá a reprendernos.

El Comienzo y el Final

Aunque cambien de lugar las montañas y se tambaleen las colinas, no cambiará mi fiel amor por ti ni vacilará mi pacto de paz, dice el SEÑOR, que de ti se compadece. (Isaías 54:10 NVI)

El versículo anterior quizá no signifique mucho para el Cristiano que aun no ha pasado por su época de prueba. Pero para el creyente que año tras año se ha preguntado si algún día regresará su gozo, si algún día volverá a ser como era antes, adquiere suma importancia la promesa del Señor de que Su amor y paz jamás se apartarán de nosotros.

Nos encontramos en nuestro calabozo, marcando los días que pasan, sin la menor idea de por qué estamos allí ni por cuánto tiempo. En esos momentos es cuando los Libros de Job y de Lamentaciones nos caen como pan y agua. ¿Por qué estamos aquí? ¿Cuánto tiempo estaremos aquí?

El Señor dijo que Él era el Comienzo y el Final, el Alfa y la Omega. Por esto sabemos que después de sufrir dolores de parto, por así decirlo, Él nacerá en nosotros. Entonces lo volveremos a ver y nuestro gozo será pleno. El dolor ya no será recordado.

La nueva Jerusalén

¡Mira tú, ciudad afligida, atormentada y sin consuelo! ¡Te afirmaré con turquesas, y te cimentaré con zafiros! Con rubíes construiré tus almenas, con joyas brillantes tus puertas, y con piedras preciosas todos los muros. (Isaías 54:11,12 NVI)

La ciudad que está afirmada con turquesas y cimentada con zafiros es, por supuesto, la nueva Jerusalén, la Iglesia Cristiana glorificada. Por ello podemos comprender que los santos que componen la nueva Jerusalén han sido azotados por las tormentas y no han sido reconfortados.

Para mí es interesante saber que la nueva Jerusalén nace de los santos que han pasado por la aridez. Las iglesias Cristianas conducidas por el hombre abundan con miembros y edificios nuevos. Pero la ciudad eterna no se produce con los programas evangélicos modernos, aunque Dios quizá use tales programas para familiarizar a Sus elegidos con el Evangelio.

La nueva Jerusalén surge conforme creyentes fieles se someten a sí mismos a los tratos de Dios, a pesar de no comprender muy bien qué es lo que les está sucediendo. Ellos se mantienen fieles a Jesús hasta el final de sus vidas. Con estos siervos obedientes es con los que Jesucristo construye Su Iglesia.

Las turquesas, los zafiros, los rubíes, las joyas brillantes y las piedras preciosas son los rasgos de carácter que fueron desarrollados en los santos conforme estos creyentes fueron sometidos a varios fuegos y varias presiones. Las grandiosas puertas de perla, las entradas a la Presencia de Dios y del Cordero, son formadas por años de irritaciones y frustraciones.

Paz para los hijos

El SEÑOR mismo instruirá a todos tus hijos, y grande será su bienestar. (Isaías 54:13 NVI)

Me imagino que muchos padres Cristianos han sido reconfortados por el versículo anterior al interceder ante Dios con respecto a sus hijos y nietos. Sé que Audrey y yo lo hemos sido. ¡Y seremos reconfortados! Dios es fiel en escuchar y contestar oraciones sobre nuestros hijos y los demás jóvenes.

Justicia

Serás establecida en justicia; lejos de ti estará la opresión, y nada tendrás que temer; el terror se apartará de ti, y no se te acercará. (Isaías 54:14 NVI)

Me parece que Satanás ha luchado con el tema de la justicia más que con cualquier otra parte del programa de Dios.

Los escritos de Pablo a veces son difíciles de entender. Algunos de sus escritos en el Libro de Romanos pueden ser interpretados como que la única justicia disponible para los Cristianos es aquella que nos es imputada en base a que recibimos a Jesucristo como nuestro Salvador.

Lo cierto es que el propósito de la justicia imputada es hacer posible que nosotros podamos avanzar hacia un verdadero comportamiento justo. Yo creo que cualquiera puede ver la lógica de esto. Un reino que consista de personas que sigan siendo pecadoras pero a quienes Dios les haya atribuido justicia sería peor que el Infierno mismo. Por lo menos en el Infierno sabemos que Dios no está complacido con nosotros.

Si lo único que nos espera es un nuevo mundo con justicia imputada donde la gente sigue llena de malicia y perversidad, como sucede en las iglesias Cristianas de hoy en día, entonces nuestra situación se podría considerar desesperada. No habría esperanza. Dios se habría casado con Satanás. Todo estaría perdido para aquellos que aman la justicia.

El hincapié que se pone en la justicia imputada es el gigantesco error de nuestra época. El resultado de este tipo de predicación es que los creyentes son superficiales, pecaminosos, frívolos, necios y egocéntricos. Existen notables excepciones. Pero por lo general este es el caso.

A excepción de que yo esté muy equivocado, el Espíritu Santo está listo para asistir a cualquiera que desee ser liberado de las compulsiones del pecado. Ya hemos sido liberados de la culpa de nuestros pecados. Ahora debemos ser liberados del deseo que sentimos de pecar, es decir, de nuestra naturaleza pecaminosa.

¿Acaso es posible tener liberación por medio de Jesucristo? Claro que lo es. Si lo único que Jesús pudiera hacer es perdonarnos nuestros pecados sin tener la autoridad ni el poder para liberarnos de las cadenas del pecado, entonces Él realmente no sería nuestro Redentor. Un redentor es alguien que nos rescata de la esclavitud. El perdonarnos y luego no redimirnos de la mano de Satanás es a lo mucho una salvación inútil.

¡Debemos ser liberados de nuestros pecados! Debemos ser liberados de las compulsiones de nuestra naturaleza pecaminosa. ¡Debemos hacer la voluntad de Dios en la tierra así como en el Cielo!

¿Quién nos puede liberar? El León de Judá puede romper toda cadena. Él es el que puede y el que logrará destruir las obras del diablo en cada creyente que venga a Él en fe.

¡Jesucristo no ha perdido autoridad! Él es más fuerte que el diablo. Él es el que puede y el que logrará destruir nuestras ataduras si buscamos en Él la liberación.

No existe cadena de pecado en nuestras vidas que Jesucristo no pueda romper. Ninguna cadena en lo absoluto, ya sea la lujuria, o el odio, o el perdón, o un espíritu de crítica, o celos, o envidia, u orgullo, o ambición egoísta, o crueldad, o drogas, o alcohol, o pornografía, o amargura, o cualquier otra obra de las tinieblas. Todas estas abundan en las iglesias Cristianas, incluyendo el abuso de niños. El Señor Cristo Jesús tiene la autoridad y el poder para destruir estos impulsos, eliminándolos completamente de nuestra personalidad.

Sólo tienes que pedírselo para saber que estoy hablando con la verdad.

Serás establecida en justicia; lejos de ti estará la opresión, y nada tendrás que temer; el terror se apartará de ti, y no se te acercará. (Isaías 54:14 NVI)

Así que cuando la inalterable Palabra de Dios dice que serás establecido, significa en personalidad y comportamiento de justicia verdadera.

Cuando estamos sirviendo a Dios en justicia, la tiranía y el terror son eliminados y alejados lo más posible de nosotros. Ya no sentimos aprensión. Ya no tenemos nada que temer.

La siguiente vez que la opresión, la aprensión o el terror entren a tu mente o a tu hogar, reconoce que no son de Dios. Llama a las tinieblas por su nombre y ordénalas a que se vayan en el nombre de Jesús.

¡La melancolía se alejará! Dios te ha prometido paz y seguridad. Sigue pidiéndoselo. Dios seguirá respondiendo. Ésta es Su promesa hacia ti.

Dios está de nuestra parte

Si alguien te ataca, no será de mi parte; cualquiera que te ataque caerá ante ti. (Isaías 54:15 NVI)

¡Qué promesa tan maravillosa! Yo personalmente he sido atacado de diferentes maneras. Dios siempre me ha liberado de quienes podrían hacerme daño. He confiado en la promesa anterior y también en la Palabra que dice que cuando la vida de un hombre complace al Señor, el Señor hace que aun sus enemigos estén en paz con él.

Otro versículo es, “¿quién les va a hacer daño si se esfuerzan por hacer el bien?”

Es obvio por el Libro de Salmos que el Rey David tenía numerosos enemigos. No hay duda de que en su palacio había mucha intriga, envidia y celos. David no presumía de su riqueza ni de su ejército. Puedes observar al leer el Libro de los Salmos (el cual dice mucho sobre la guerra) que David mantuvo una actitud humilde ante Dios, y que siempre confió en Dios para ser liberado.

Aquel que se alarde, que haga alarde en el Señor. Nuestras propias fuerzas nunca nos salvarán. Los ángeles de Dios acampan alrededor de quienes temen al Señor, y de quienes confían en Él para toda liberación.

¿Quién ha creado al destructor?

Mira, yo he creado al herrero que aviva las brasas del fuego y forja armas para sus propios fines. Yo también he creado al destructor para que haga estragos. (Isaías 54:16 NVI)

Cuando estamos siendo atacados por varias armas, ya sean difamaciones, o juicios, o guerra, o por cualquier otra cosa que se presente contra nosotros, es reconfortante saber que es Dios quien creó a las personas quienes nos están atacando. Si realmente estamos sirviendo al Señor como debemos, no tenemos nada que temer.

Si fue Dios el que creó al destructor para hacer estragos, entonces no tenemos por qué aceptar temor, ni aprensión, ni tormento mental de ningún tipo. Dios está en control y nos protegerá si Lo estamos agradando con nuestra actitud y con nuestro comportamiento.

El Señor justifica a Sus siervos

No prevalecerá ninguna arma que se forje contra ti; toda lengua que te acuse será refutada. Ésta es la herencia de los siervos del SEÑOR, la justicia que de mí procedeafirma el SEÑOR. (Isaías 54:17 NVI)

Ser el objeto de críticas y difamaciones es participar abundantemente en los sufrimientos de Cristo. Ya que ninguno de nosotros es perfecto, existen muchas áreas de nuestra vida que son vulnerables a ser atacadas. Simplemente no somos completamente inmunes a las difamaciones.

Dios se da cuenta de esto. Si Dios nos encuentra merecedores, Él bien que puede justificarnos. Nosotros no tenemos que ser completamente inocentes para ser apoyados por el Señor, aunque sí debemos vivir de tal manera que el adversario no pueda acusarnos. Pero cuando lo haga, y si nosotros hemos seguido al Señor diligentemente como mejor pudimos, Dios nos justificará.

Cristo mismo es la Verdad, la única Verdad que hay. Cuando Él está satisfecho en que hemos hecho nuestra parte en servirle, aunque no estemos sin culpa, Él nos ayuda a levantarnos triunfantes aun ante la consternación de quienes quieren acusarnos.

El Rey David no era un hombre perfecto y pecó gravemente en por lo menos una ocasión. Pero Dios ha elegido exaltar a David, y por ello los Salmos de David pueden bendecir al justo hasta la época actual. Cuando cualquiera decide criticar a David, Dios llega a su rescate.

Dios es nuestro Protector. ¿A quién temeremos?

(“Isaías, Capítulo Cincuenta Y Cuatro”, 4099-1)

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