DOCE RESULTADOS DE LA OBEDIENCIA PORTADORA DE LA CRUZ

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Texto bíblico tomado de la Santa Biblia, Nueva Versión Internacional. © 1999 por la Sociedad Bíblica Internacional
Traducido por Carmen E Álvarez

La naturaleza pecaminosa adámica es tan engañosa que no tiene remedio. Dios no está salvando nuestra naturaleza adámica. Él la está crucificando. Dios nos ha dado nuestra cruz personal como el medio por el cual podemos destruir nuestra naturaleza de Adán. Cristo debe ser formado en el lugar de esa naturaleza. Esto es la salvación y el Reino de Dios.


DOCE RESULTADOS DE LA OBEDIENCIA PORTADORA DE LA CRUZ

Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio. ¿Quién puede comprenderlo? (Jeremías 17:9NVI)
Dirigiéndose a todos, declaró:
Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga. (Lucas 9:23NVI)

La naturaleza pecaminosa adámica es tan engañosa que no tiene remedio. Dios no está salvando nuestra naturaleza adámica. Él la está crucificando. Dios nos ha dado nuestra cruz personal como el medio por el cual podemos destruir nuestra naturaleza de Adán. Cristo debe ser formado en el lugar de esa naturaleza. Esto es la salvación y el Reino de Dios.

Hemos hecho una religión del Cristianismo. El Cristianismo se ha vuelto casi como cualquier otra religión. Tenemos nuestro libro especial, nuestros himnos, nuestras liturgias y hasta nuestra arquitectura. Tenemos doctrinas que debemos estudiar y creer, así como obedecer.

Pero esto no es lo que realmente es el Cristianismo.

La verdadera salvación Cristiana es la destrucción de nuestra naturaleza pecaminosa y la creación de Cristo en nosotros. Eventualmente, el Padre y el Hijo vendrán y habitarán eternamente en lo que haya sido creado en nosotros. Además, nuestro cuerpo resucitado será revestido con un cuerpo que ha estado siendo formado conforme hemos aceptado y soportado pacientemente la crucifixión de nuestra naturaleza pecaminosa conforme el Espíritu Santo ha estado formando a Cristo en nosotros.

Estamos hablando de cambiar de una forma de humanidad a otra—un cambio a una humanidad que es tan superior a nuestra humanidad original como el ser humano es tan superior al animal.

En el principio Dios creó al hombre del polvo de la tierra. El hombre, hombre y mujer, es hijo de Dios y se le ha otorgado reinar sobre las obras de la manos de Dios.

El primer y verdadero Hombre que pisó la tierra fue el Señor Jesucristo. Habiendo resucitado de entre los muertos, Cristo es el Primero de la humanidad trascendental que en sí es el Reino de Dios.

El primer hombre es de la tierra. El segundo hombre es el Señor del Cielo.

El primer hombre fue creado un ser viviente. El segundo hombre es creado un espíritu que da vida.

Así está escrito: “El primer hombre, Adán, se convirtió en un ser [alma] viviente”; el último Adán, en el Espíritu que da vida. (1 Corintios 15:45NVI)

El Señor Jesús nos dijo que si queríamos ser Sus discípulos que debíamos negarnos a nosotros mismos, llevar nuestra cruz y seguirlo. Quizá haya pocos creyentes hoy en día que estén haciendo lo que dijo el Señor. Esto realmente es una lástima porque sin una obediencia portadora de la cruz no existe una verdadera salvación Cristiana. La cruz es la que destruye nuestra naturaleza pecaminosa y la que hace posible la creación de la nueva humanidad trascendental.

Podemos creer en Cristo, asistir a la iglesia con regularidad, participar en los servicios; pero mientras no nos decidamos a negarnos a nosotros mismos, a tomar nuestra cruz y a seguir al Señor Jesús entonces simplemente somos miembros de una religión. No estaremos participando en el desarrollo del Reino de Dios, es decir, en el cambio de la personalidad de Adán al hombre nuevo.

A continuación tenemos doce resultados de portar obedientemente nuestra cruz tras el Señor Jesús.

Obediencia estricta a todos los mandamientos de Dios.
Reposo tranquilo en la Persona y voluntad de Dios.